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Seis verdades incómodas sobre la salud de las mujeres


2026-04-15
https://www.unwomen.org/
ONU Mujeres

Desde diagnósticos erróneos hasta sesgos médicos, las mujeres siguen teniendo menos probabilidades de que se les diagnostique, se les trate o se les tome en serio. En este artículo se explican los motivos.

6 de abril de 2026

Las mujeres estamos viviendo más tiempo que nunca. Pero no estamos viviendo mejor. Si alguien dice “ya hemos conseguido la igualdad de género” o cuestiona “¿la igualdad no está yendo demasiado lejos?”, señálale la salud, un derecho humano fundamental que aún no está garantizado para todas las personas.

Porque en todo el mundo las mujeres tienen una probabilidad mayor de que su dolor se pase por alto, sus síntomas se malinterpreten y sus enfermedades se diagnostiquen demasiado tarde. Esto es el resultado de un sistema médico que no se diseñó teniendo en mente a las mujeres.

Desde los instrumentos que se siguen utilizando en las exploraciones médicas hasta los datos que determinan el diagnóstico y el tratamiento, las deficiencias están arraigadas en los sistemas sanitarios y tienen consecuencias reales para la salud, la seguridad y la calidad de vida de las mujeres.

Así es como se manifiesta la desigualdad de género en nuestra vida cotidiana, pero esto tiene que cambiar: necesitamos investigaciones que reflejen la realidad de los organismos de las mujeres, una atención de la salud que tome en serio su dolor y unos sistemas diseñados con dignidad, diagnósticos y tratamientos precisos y respeto por el cuerpo de las mujeres y niñas.

1. Las revisiones ginecológicas no han cambiado mucho en 150 años

El espéculo –el instrumento que se utiliza en los exámenes pélvicos– es casi idéntico al que se empleaba cuando se diseñó por primera vez en el siglo XIX.

Antes que los antibióticos. Antes de que la anestesia fuese algo habitual. Antes incluso de que las mujeres pudieran votar en la mayoría de los países.

Durante generaciones se les ha dicho a las mujeres que las molestias son normales, que forman parte del hecho de ser mujer.

Hoy las cosas están empezando a cambiar. Empresas emergentes dirigidas por mujeres y compañías innovadoras especializadas en tecnología femenina están replanteándose el examen pélvico, otorgando un lugar central a la comodidad, la dignidad y la seguridad.

Sin embargo, el cambio es lento y la adopción de herramientas rediseñadas sigue siendo limitada en los sistemas de salud públicos.

2. Las mujeres viven más, pero pasan más tiempo con problemas de salud

Las mujeres viven más que los hombres (73,8 años frente a 68,4), pero pasan un 25 por ciento más de sus vidas con problemas de salud.

Esto significa que las mujeres pasan más años lidiando con el dolor crónico, la fatiga, enfermedades no tratadas y los diagnósticos erróneos, y que a menudo se les dice que sus síntomas son psicológicos.

Una vida más larga no es sinónimo de una vida mejor.

Para muchas mujeres, significa que se les descalifique, descrea y descuide durante más tiempo, incluso por parte del sistema sanitario.

3. Si afecta a las mujeres, se pasa por alto. Si afecta a los hombres, se financia.

El síndrome premenstrual afecta a la mayoría de las mujeres y niñas. Para muchas de ellas supone dolor, fatiga y malestar psicológico recurrentes que perturban su vida cotidiana durante días enteros, mes tras mes.

La disfunción eréctil afecta a mucho menos hombres y, sin embargo, esta afección recibe financiación y una atención significativamente mayor en las investigaciones.

Durante decenios, este desequilibrio ha determinado la forma en que se entiende –o no–, se menosprecia y, con demasiada frecuencia, se normaliza o pasa por alto el dolor de las mujeres.

Eso está empezando a cambiar.

En 2023, España se convirtió en el primer país de Europa en conceder a las mujeres una licencia menstrual remunerada, con lo que se sumó al Japón, Indonesia, Corea del Sur, Taiwán y Zambia. La nueva ley reconoce que el dolor menstrual puede ser intenso y que merece asistencia médica y tiempo para recuperarse.

Pero las leyes que se plasman sobre el papel no siempre se trasladan a la vida real. Desde que se aprobó la citada ley, su uso continúa siendo escaso, y el estigma sigue impidiendo que muchas mujeres disfruten de la licencia que necesitan y a la que tienen derecho.

Lo que se requiere ahora no son solo leyes, sino visibilidad: conversaciones francas, profesionales de la salud adecuadamente informados y un liderazgo que normalice las necesidades sanitarias de las mujeres en lugar de dejarlas de lado.

4. El diagnóstico de tu dolor puede tardar casi un decenio

La endometriosis afecta a una de cada 10 mujeres y niñas en todo el mundo: alrededor de 190 millones de mujeres. Sin embargo, su diagnóstico y tratamiento tardan en promedio entre 4 y 12 años.

Son años en los que la mujer padece dolor crónico, fatiga e inflamación, mientras se le dice que no le ocurre nada y que el dolor es normal.

Años en los que te ves obligada a adaptar tu vida a una enfermedad que todavía no tiene nombre.

Enfermedades como la endometriosis no son raras. Ese no es el problema.

El problema es que, con demasiada frecuencia, el dolor de las mujeres se sigue desestimando, aplazando o diagnosticando de forma incorrecta. Y cuando el dolor no se toma en serio, el diagnóstico llega demasiado tarde.

5. Las mujeres estuvieron ausentes de la investigación médica hasta el decenio de 1990

Hasta 1993, las mujeres estaban en gran medida excluidas de los ensayos clínicos.

Esto significa que, durante decenios, los tratamientos y medicamentos se diseñaron pensando en el organismo masculino, sin probarlos adecuadamente en las mujeres:

  • las dosis de los medicamentos se basaban en la biología masculina;
  • los síntomas se definían utilizando organismos masculinos;
  • a menudo se pasaban por alto los efectos secundarios en las mujeres.

Las consecuencias siguen vigentes en la actualidad.

Las mujeres son más propensas a sufrir reacciones adversas a los medicamentos, es más probable que sus síntomas se malinterpreten y las enfermedades que afectan principalmente a las mujeres, como las autoinmunes, siguen sin investigarse lo suficiente.

Incluso en la actualidad persisten importantes brechas y se están reproduciendo de nuevas formas. Desde la investigación clínica hasta las herramientas de inteligencia artificial utilizadas en la atención de la salud, los datos en los que las mujeres están infrarrepresentadas siguen determinando la forma en que se estudian, diagnostican y tratan las enfermedades.

Investigaciones recientes han puesto de relieve la importancia de integrar el sexo y el género en los estudios clínicos –por ejemplo durante la respuesta al COVID-19– para garantizar que los tratamientos sean seguros y eficaces para todas las personas.

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Un profesional sanitario examina la garganta de un niño en una clínica, mientras un adulto observa desde cerca.
Foto: ONU Mujeres/Bektur Zhanibekov

Otro problema es que las mujeres también están insuficientemente representadas en los puestos de dirección del sector sanitario. Esto es importante porque las médicas y las mujeres que ocupan puestos de liderazgo suelen dar prioridad a la atención centrada en la persona, a las prácticas basadas en pruebas y a las políticas que mejoran los resultados de salud de las mujeres. Por ejemplo, en los Estados Unidos, las y los pacientes de edad avanzada atendidos por médicas presentaron menores tasas de mortalidad y de reingreso, y los distritos de la India con un mayor número de mujeres en puestos de liderazgo registraron menores tasas de mortalidad neonatal.

Apoyar a las mujeres que ocupan puestos de liderazgo, tanto en el sector de la salud como en otros ámbitos, significa salvar vidas y garantizar una atención más eficaz para todas las personas.

6. Tus síntomas no se ajustan a lo que aparece en el manual, y eso podría costarte la vida

Las enfermedades cardíacas son la principal causa de muerte de las mujeres. Pero sus síntomas clásicos –dolor en el pecho que irradia hacia el brazo– se basan en gran medida en la forma en que se manifiesta un infarto en los hombres. 

En las mujeres, los síntomas pueden ser distintos: fatiga, náuseas, dificultad para respirar o dolor en la mandíbula o la espalda. 

Dado que estos síntomas se reconocen con menos frecuencia, las mujeres tienen una probabilidad menor de recibir a tiempo un tratamiento que les salve la vida, como una angioplastia o la implantación de stents.

Como consecuencia de ello, las mujeres tienen un mayor riesgo de fallecimiento tras sufrir un infarto en comparación con los hombres.

Y, en algunos casos, se les envía a casa en lugar de proporcionarles tratamiento.

Fuente: https://www.unwomen.org/es/articulos/articulo-explicativo/seis-verdades-incomodas-sobre-la-salud-de-las-mujeres

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