El mercurio ha enfermado y matado durante mucho tiempo. ¿Podría estar cambiando la situación finalmente?
Hoy en día, quienes respaldan el Convenio de Minamata le atribuyen algo más que ayudar a eliminar gradualmente el mercurio.
08 Oct 2026
En abril de 1956, una niña fue ingresada en un hospital de la ciudad japonesa de Minamata, en el sur del país. No podía hablar ni comer y sufría entumecimiento en las extremidades. La combinación de síntomas desconcertó al equipo médico.
Durante las semanas siguientes, una sucesión de pacientes llegó al Hospital de la Planta Chisso de Minamata con dolencias difíciles de explicar. Algunas personas habían perdido el control motor. Otras presentaban una reducción del campo visual. Unas pocas estaban postradas en cama y al borde de la muerte.
Pasarían años antes de que las autoridades de salud determinaran la causa: intoxicación por mercurio. Una planta química situada en la arqueante costa de Minamata había estado vertiendo mercurio, una potente neurotoxina, al mar. Allí era ingerido por los peces, que luego eran consumidos por la población local, acumulándose el mercurio en sus cuerpos con cada comida. Miles de personas enfermarían de lo que pasó a conocerse como la enfermedad de Minamata.
Aunque este caso conmocionó a personas de todo el mundo, no significó el fin de la intoxicación por mercurio. El mercurio sigue apareciendo en productos que van desde cosméticos hasta lámparas fluorescentes y continúa utilizándose ampliamente en la minería artesanal y de pequeña escala del oro.
Pero eso está cambiando gracias a un acuerdo internacional histórico: el Convenio de Minamata sobre el Mercurio. El tratado, que celebra su decimotercer aniversario el 10 de octubre, ha establecido controles sobre el suministro, el comercio y el uso del mercurio, ayudando a proteger a las personas y al planeta de sus efectos nocivos. Más de 153 naciones son ahora Partes del acuerdo, que, según quienes lo respaldan, representa un importante ejemplo de cooperación internacional en medio de crecientes tensiones internacionales.
“Este convenio demuestra lo que los países pueden lograr cuando trabajan juntos hacia un objetivo común”, afirmó Monika Stankiewicz, Secretaria Ejecutiva del Convenio de Minamata. “El mundo necesita más de ese espíritu de Minamata en este preciso momento”.
El convenio tiene sus orígenes en un estudio realizado en 2002 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). La Evaluación mundial sobre el mercurio concluyó que los niveles de mercurio se habían disparado desde la revolución industrial. Este elemento circulaba sin cesar por el aire, el agua y los seres vivos en una especie de odisea tóxica.
Sin embargo, el informe del PNUMA ofrecía un rayo de esperanza: mediante la cooperación internacional se podía detener la contaminación por mercurio.
El estudio daría lugar a la Asociación Mundial sobre el Mercurio, liderada por el PNUMA, una coalición de gobiernos, empresas y organizaciones sin fines de lucro centrada en sensibilizar sobre los peligros del mercurio.
A medida que la preocupación pública aumentaba a finales de la década de 2000, los países comenzaron a converger en torno a la idea de un tratado internacional jurídicamente vinculante a escala mundial que eliminara gradualmente el uso del mercurio en numerosas industrias.
El PNUMA facilitó esas negociaciones, que comenzaron en 2010. Ese apoyo fue posible en gran medida gracias a las contribuciones gubernamentales al Fondo para el Medio Ambiente, la principal fuente de financiación flexible del PNUMA. De hecho, este fondo ayudó a sustentar gran parte de la labor de la organización sobre el mercurio a comienzos de la década de 2000. (Actualmente, el Convenio se implementa a través de su mecanismo financiero, compuesto por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y el Programa Internacional Específico.)
Las negociaciones sobre el tratado mundial relativo al mercurio alcanzarían su punto culminante el 10 de octubre de 2013, hace hoy trece años. Ese día, representantes gubernamentales de todo el mundo se reunieron en Kumamoto, Japón, a unos 100 km al norte de Minamata. Allí, en un día soleado, escucharon a la residente de Minamata Rimiko Yoshinaga relatar cómo su padre, trabajador de una fábrica, se había ido debilitando progresivamente mientras consumía sashimi preparado con pescado de la bahía de Minamata durante la década de 1950. Su padre murió a los 38 años.
El 10 de octubre de 2013, una coalición de gobiernos adoptó el Convenio de Minamata, un hecho calificado de histórico por el presidente de estas negociaciones. El tratado entró en vigor el 16 de agosto de 2017.
A medida que el Convenio se aproxima a su segunda década, las y los especialistas observan con optimismo sus avances. Aunque el mercurio sigue representando una amenaza para la salud humana, su comercio se ha desacelerado, ha entrado en vigor una prohibición de los cosméticos que contienen mercurio y las lámparas fluorescentes con mercurio están siendo eliminadas gradualmente. Al mismo tiempo, algunas minas artesanales y de pequeña escala de oro, donde este elemento se utiliza para separar el oro del mineral, están adoptando alternativas menos tóxicas.
Hoy en día, quienes respaldan el Convenio de Minamata le atribuyen algo más que ayudar a eliminar gradualmente el mercurio. Afirman que representa lo que los países pueden lograr cuando dejan de lado sus diferencias por el bien de sus pueblos y del planeta.
También sostienen que es una prueba de la importancia de que los países incrementen su financiación básica al PNUMA. La organización ha utilizado esos recursos para apoyar no solo el trabajo inicial relacionado con el Convenio de Minamata, sino también varios otros acuerdos multilaterales sobre el medio ambiente, ayudando a proteger desde la capa de ozono hasta las profundidades marinas.
“Las chispas que hicieron posibles muchos de estos acuerdos decisivos fueron las contribuciones al Fondo para el Medio Ambiente del PNUMA”, afirmó Soomi Ro, Directora de la División de Servicios Corporativos del PNUMA. “Esa financiación proporciona al PNUMA el tiempo y el margen de acción que necesita para coordinar una respuesta mundial a los desafíos ambientales más urgentes del planeta”.
---
Escrito por Andrew Raven
Revisado por Monika Stankiewicz